Happiness (Todd Solondz) – 1998

La forma de mostrar la crudeza, como una vez conversábamos por ahí, puede incluso hacerla dejar de ser cruda. Sería una frase muy adecuada al describir a un director -casi- revolucionario del movimiento de cine independiente de los noventa quien se ríe del homicidio y la pederastía con una maestría increíble.

No se le pegan los acentos, en su (a mi parecer) mejor pelicula, “Happiness”, Todd Solondz puede provocar ciertas reacciones realmente raras en un público tan estricto como el gringo. El reparto de la película hace que la calidad de presentación sea impresionantemente extraña. Happiness habla de las relaciones, lo típico que ocurre en una familia clase media americana, en el que un padre curiosamente – y sin rodeos – habla a su hijo de sus incursones sexuales distorcionadas, viviendo en un lugar casi tan apacible como los Trapences y lo que ocurre realmente al interior de los aislantes que constituyen los suburbios.

La acción tiene lugar en New Jersey y Florida,, a lo largo de unas pocas semanas, con un epílogo situado 6 meses más tarde. Narra la historia de Joy Jordan (Jane Adams), de 30 años, soltera, aficionada a la guitarra, frágil, solitaria, de ideas confusas, generosa y desgraciada en amores. Su hermana Helen (Lara Flynn Boyle), escritora, soltera, altiva y promiscua, sueña con ser raptada y violada. Su otra hermana, Trish (Cynthia Stevenson), casada con Bill Maplewood (Dylan Baker), es madre de 3 hijos y cree tenerlo todo, mientras su marido se desliza por una terrible pendiente de perversiones sin retorno.

La película desarrolla un relato en el que se dan cita perversiones, como decía, pedofilia y violaciones, sueños masoquistas y sádicos, sexo solitario, suicidios reales e imaginarios, asesinatos con mutilaciones, llamadas telefónicas provocativas, aficiones narcisistas, consumo de pastillas y alcohol, frigidez sexual, fobia al sexo, infidelidades, etc. Bajo una tranquila apariencia de normalidad y compostura, la vida familiar oculta perversiones, anomalías, manías, crímenes y fobias, consideradas como escandalosas y dignas de rechazo por la sociedad que las practica. La vida ordinaria de muchas personas respetables y respetadas navega por la hipocresíay doble moral.

Los episodios, entrelazados en una maraña absorbente, provocan sensaciones muy extrañas.
Ironicamente Happiness habla de los distintos caminos que, según las etiquetas, llevan a la felicidad, pero en la práctica caen en la frustración Esta infelicidad, cubierta con el disimulo de las falsas apariencias, es el proyecto de felicidad de la sociedad que de verdad parece no existir. Entre comedia y sátira muy fuerte describen los escenarios sub-urbanos cosas que pueden ser, pero que en realidad no son.

Hay muchos buenos temas musicales, “You Light Up My Life”, con pedazos de música clásica y fragmentos de obras de Vivaldi y de Mozart, concluyendo en tres versiones distintas de la cancion “Hapiness”, que de pegote lo tiene todo. Un imperdible.

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