Spike Lee, 25 horas después del 11/9

El cine de Spike Lee siempre ha sido confrontacional. Se basa en las diferencias raciales que existen actualmente en las calles de Nueva York, cuna y hervidero de las mas geniales y controvertidas películas de este black man from Brooklyn. Quizás su opera prima radica en Malcolm X, historia muy bien dirigida e interpretada a la perfección por un joven Denzel Washington, quién pasó por darlo todo por ser blanco y tener el pelo liso (en base a ácidos) a conocer la doctrina Musulmana libertaria en los recovecos mas obscuros de la carcel, convirtiendo al personaje en el ider indiscutible y portavoz de la no discriminación racial imperante en la época de los 70 y 80s.

La crudeza de sus peliculas siempre funciona al marginar al pueblo afroamericano en todas sus historias. Peliculazas como “Jungle Fever”, “The cloackers”, o “Do The Right Thing”, notables comedias negras rodeadas de gángsters y temazos de Stevie Wonder nos muestran la real superficie que no todos conocemos cuando tenemos la suerte de pisar la gran manzana. Pero basta un poco de historia y cháchara para llegar a lo que quiero mostrar:  He bautizado  este artículo la veinticincoava hora de Spike Lee en una especie de rememoranza a su genial película, recomendable para los que no la hayan visto aún, y para los que ya la vieron, reestablezcan un poco sus creencias con respecto al género.

Luego de los atentados del 11 de Septiembre, Spike Lee nos deja una gran carta de amor. Encontrada en algún baño pobre de Manhattan, frente a un espejo,  su personaje principal se pregunta y cuestiona a su “ciudad interior”. Una curiosa especie de seducción que sirvió un poco para apreciar la distinta concepción que existe en un antes y un despues al atentado en cuanto a la composicion gentil de Nueva York. Un muchacho clase media alta encargado de hacer una gran move de drogas, tiene un sólo día antes de ir a la cárcel. En su caminar por la ciudad encuentra que el cosmopolitismo fue lo que causó el inevitable desenlace de una ciudad sin nombres. Una crítica ácida al espacio y tiempo global, de la que ni siquiera él escapa. Como muy bien dice Monty en la mitad de uno de los mejores monólogos del cine independiente contemporáneo:

And while you’re at it, fuck JC! He got off easy! A day on the cross, a weekend in hell, and all the hallelujahs of the legioned angels for eternity! Try seven years in fuckin Otisville, Jay!
Fuck Osama bin Laden, al-Qaeda, and backward-ass, cave-dwelling, fundamentalist assholes everywhere. On the names of innocent thousands murdered, I pray you spend the rest of eternity with your seventy-two whores roasting in a jet-fueled fire in hell. You towel headed camel jockeys can kiss my royal, Irish ass!

Fuck this whole city and everyone in it. From the row houses of Astoria to the penthouses on Park Avenue. From the projects in the Bronx to the lofts in Soho. From the tenements in Alphabet City to the brownstones in Park slope to the split levels in Staten Island. Let an earthquake crumble it. Let the fires rage. Let it burn to fuckin ash then let the waters rise and submerge this whole, rat-infested place.

Un imperdible.

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